La rutina básica consiste en mantenerlo limpio y seco, retirar a diario la cera y la humedad acumuladas, y guardarlo por la noche en su estuche, preferiblemente con sistema deshumidificador.
Conviene además protegerlo del agua, del calor extremo y del contacto con cosméticos o productos químicos, ya que afectan a los componentes electrónicos. Manipularlo siempre con las manos limpias y sobre una superficie blanda ayuda a evitar caídas y daños accidentales.
A esto se suma la revisión profesional periódica cada tres o seis meses, en nuestro centro auditivo en Santiago, donde se comprueba el estado del dispositivo y se reajusta si la audición ha variado. En los modelos recargables el mantenimiento se simplifica todavía más, porque basta con dejarlos cargando cada noche.